Hace tres años se me dañó la lavadora. Y como suele suceder con estos asuntos, no sólo se dañó la lavadora sino que decidieron unirse en solidaridad la nevera y el microondas. Muerte, destrucción, desolación...La nevera se pudo arreglar bastante fácil (un saludito a Batista Refrigerating!). Llamamos a un técnico que vino para la lavadora; dio tres martillazos, apretó 5 tornillos y nos cobró $90. Ese CPR logró que la lavadora echara un último suspiro lavando una tanda más de despedida. Luego de eso expiró definitivamente. Económicamente no estábamos como para comprar enseres nuevos y mucho menos una lavadora. De hecho, bastante nos dolieron los $90 del pseudo-arreglo.
Este asunto me agobiaba bastante, principalmente porque yo estaba embarazada y pronta a parir. Necesitaba que mi lavadora funcionara bien, pronto.
El tiempo pasó, Sara nació y todavía no tenía lavadora. Un día me encontraba yo muy frustrada y cansada, de esos día que uno siente que no da pie con bola y nada parece cuajar. Ustedes saben, de esas veces que pequeños detalles y asuntos cotidianos se van juntando hasta que se hacen demasiado grandes y sientes que te sacan el aire. Más que nada, no sé por qué me quitaba tanto la paz la falta de una tonta lavadora! Sentía que esa era la “cherry del sundae”. Así que oré.
Ese domingo, todavía sintiéndome un poco derrotada pasé al altar durante el llamado. No estaba segura qué decir, pero sabía que necesitaba estar ahí. Lo único que pude decir fue: “Señor, acuérdate de mí. Dime que me amas.”
Ese mismo domingo, unos muy buenos amigos nos llamaron para decirnos que nos habían comprado una lavadora. Estos amigos no eran millonarios, inclusive ellos mismos acababan de recibir a su primer bebé. Simplemente lo hicieron.
Entonces vino a mi mente mi oración: "Acuérdate de mí. Dime que me amas."
Así que siempre recordaré ese como el día en que Dios me dijo que me amaba... con una lavadora! Poco después también me lo dijo con un microondas, el cual también recibimos como regalo por parte de gente muy muy amada.
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| Aquí estoy el día en que recibí mi nueva lavadora "Lola Kenmore" |
He estado por contar esta historia desde que comencé el blog. Sin embargo, no es hasta ahora que la recuerdo y encuentro el contexto perfecto para insertarla. Milagros que aun con el pasar del tiempo siguen alimentando y cambiando mi vida, haciéndome recordar quién es Dios cuando más lo necesito.
El punto de esto es el siguiente, Dios sabe lo que necesitamos. El siempre sabe. No solo el qué sino también el cuándo y el cómo.
Desde el comienzo Dios ha estado supliendo cada necesidad de su creación. Luz, espacios, alimento, compañía, comunidad, trabajo, descanso... Todo lo que era necesario Dios lo anticipó y lo suplió. Aún cuando el hombre le dio la espalda y se reveló en su contra Dios siguió proveyendo.
Sacrificios, sacerdotes, pactos, leyes, promesas- todo para asegurar y proteger el original y más importante derecho inalienable de la raza humana: conocer y relacionarse con su Creador.
Jesús fue y es la respuesta última a la necesidad más profunda de todo ser. Y cuando nos unimos a su familia, a su Iglesia, entonces tú y yo nos convertimos en la respuesta a lo que el mundo necesita. No por nuestras destrezas o talentos, sino por la esperanza que ha nacido nueva en nosotros.
En nuestro caso, como ya saben esta esperanza nos ha movido a servir en Uruguay. Un país esclavizado por los dioses de este siglo. Caracterizado por los más altos porcentajes en suicidios, divorcios, abortos (los cuales son legal) de éste lado del mundo, todo como producto de su libertinaje y secularismo.
Al movernos puedo decir que la lista de cosas que sentimos que necesitamos es larga. Y confieso que todavía de vez en cuando, hago la misma oración de hace tres años.
Lo mejor del caso es que Dios sigue respondiendo! Y me recuerda que lo más que necesito es hacer su voluntad, porque de lo demás -igual que ha estado haciendo desde la fundación del mundo- se encarga él.
Esta es la realidad no solo de Uruguay sino del mundo en el que vivimos. Y es a este mundo con una profunda y agonizante necesidad de Cristo que hemos sido enviados.
Tú puedes ser la respuesta a la oración de alguien. Tú puedes ser la provisión de Dios para alguién. Que tu vida y la mía sean eco siempre de las palabras de Juan y luego de Jesús cuando decían: ‘El Reino de los Cielos se ha acercado!”
Entonces, no dejemos que nuestras necesidades nos distraigan o detengan, antes bien hagamos la voluntad del Padre. Confiemos en que él es un padre bueno que sabe lo que necesitamos y no fallará en proveerlo. Busquemos primero el reino de Dios y su justicia. Ejercitemos nuestra fe cada día manteniendo los ojos y los brazos abiertos a la provisión de Dios. Que nuestro corazón se mantenga atento a su voz y a sus “te amo” de cada día. Desde una abrazo hasta una lavadora, nada es muy pequeño o muy grande para él.
Y este mismo Dios quien me cuida suplirá todo lo que necesiten, de las gloriosas riquezas que nos ha dado por medio de Cristo Jesús. Filipenses 4:19
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