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Hola! Mi nombre es Charlotte. Amo a Dios y amo cómo me ama a pesar de mí. Su misericordia me ha moldeado y por Su gracia he tenido el privilegio de experimentar tantas aventuras. Nacida y criada en la Isla del Encanto, Puerto Rico. Actualmente resido y sirvo en el país de Uruguay a través de la Alianza Cristiana y Misionera junto a mi esposo y nuestras dos hermosas hijas. Siempre he disfrutado el escribir, no obstante en esta nueva etapa en la que me encuentro, siento más que nunca el deseo de hacerlo. No es que crea que tengo la vida más emocionante del mundo. Ni tampoco que mis experiencias están tan por encima que deben ser compartidas. ¡Qué va! Solo quiero escribir.Y si alguien lee y se siente entretenido, qué bien. Si alguno lee y se siente comprendido y bendecido, ¡mejor todavía!

Thursday, October 30, 2014

Ruinas.. o lo que aprendí viendo Netflix

Hace un tiempo vi un programa por Netflix (of course!) llamado “Forgotten Planet”, Mundo Olvidado. No solo el nombre suena un tanto “creepy” sino que encima de esto las fotos que utilizan para la promo como preview son todas de lugares abandonados como sacados de un set de película de horror. Tenía que verlo.

El programa se dedicaba a mostrar diferentes lugares alrededor del mundo que se encuentran en un estado de abandono y desolación. Pueblos, ciudades, barrios que antes habían estado llenos de vida ahora completamente vacíos y muertos. Los famosos “ghost towns” o ciudades fantasmas. Muchos quedaron así como resultado de guerras, otros por accidentes nucleares o desastres naturales que forzaron una evacuación inmediata, y otros porque la gente un día simple y sencillamente decidió recoger sus cosas e irse. 

El tono era uno sombrío y como de melancolía. Ver objetos que en algún momento tuvieron algún valor y un significado abandonados, dejados atrás sin sentido ni propósito. Estructuras en las cuales la naturaleza vino a hacer morada y los elementos se dieron a la tarea de redecorar los espacios. Como un álbum en 4D, monumentos que recuerdan lo que una vez fue y ya no es, y que probablemente nunca volverá a ser.

Algunas de estas ciudades en efecto se han convertido en memoriales oficiales de esos estados. Tanto así que el gobierno y las respectivas oficinas de parques nacionales se han dado a la tarea de preservar estos lugares como monumentos históricos. Sin embargo me estuvo muy curioso la manera en la que procedieron con el asunto. 
En vez de arreglar las estructuras que están en la mayoría de los casos a un pelo del colapso, emplean un método de conservación llamado “Arrested Decay”, deterioro arrestado…? Descomposición detenida? Putrefacción contenida? Por ahí va la cosa...

El meollo del asunto es que buscan la manera de mantener la estructura como está, sin arreglarla ni alterarla completamente, sino más bien preservando el estado en el que se encuentra en el momento. O sea, que la estructura que se está cayendo en pedazos, se mantenga tal cual: cayéndose en pedazos… pero sin caerse en pedazos. Ruinas preservadas, símbolos de un pasado triste. 

De momento mi corazón dio un mortal, pa’ trás! Y me dijo, “querida, this is us!” 

Bofetá. Y creo que saben por la línea que voy; realmente, ¡esto se escribe solo! Aun así para beneficio de todos y el propio, aquí va mi rudimentario análisis del asunto. 

El concepto me parece genial, no tanto por describir estos lugares, sino por lo bien que describe el estado en el que se encuentra en ocasiones nuestro corazón. 

¡Cuántos monumentos al pasado! Estructuras viejas que se resisten a caer y que se van convirtiendo en altares. Altares que como encontramos en el Antiguo Testamento vez tras vez solo sirven para pecar.   

Y cuánto nos esforzamos por mantenerlos y preservarlos intactos en su putrefacción. Cuánto tiempo y espacio le dedicamos a estas ruinas que solo traen rencor, amargura y tristeza. Heridas del pasado; lo que me hicieron, lo que hice, lo que no hice, lo que debí haber hecho, lo que debieron haber hecho, lo que me dijeron y dije, lo que no dije,  el que se fue, lo que quedó, lo que pudo ser, lo que no fue, lo que quise que fuera, quien quise ser…. Se mantienen ahí como escenas de una película de terror, persiguiéndonos, embrujándonos y poseyéndonos. 

Y entonces está Dios ofreciendo algo mucho mejor. Primero nos pedirá que confiemos en él. Luego nos pedirá todo lo demás. TODO. Que le entreguemos todo nuestro corazón. Sin este primer paso la cosa no funcionará, porque la realidad es que el corazón de todos sin Dios, sin Jesús  -lo aceptes o no-  está en estado de descomposición. 

Nuestras ruinas, heridas, verguenzas, malicias, amarguras todo necesita cambiar de jurisdicción. Dios me pide que le entregue mi basura. La basura con la que tanto me he encariñado. Pero esto no es todo, lo más lindo es lo que viene después.  A cambio de mi basura me entrega algo espectacular.  El plan de Dios ofrece un nuevo significado y propósito. Espacio para construir sobre las bases de un pasado que ya no me controla porque él me sana y me hace libre. 


Y como nada de lo que yo pueda escribir será mejor de lo que Dios ya escribió, los dejo con esto. 

Isaías 61:3  
A todos los que se lamentan en Israel les dará una corona de belleza en lugar de cenizas, una gozosa bendición en lugar de luto, una festiva alabanza en lugar de desesperación.  Ellos, en su justicia, serán como grandes robles  que el Señor ha plantado para su propia gloria.

Isaías 44:26 

Sin embargo, yo sí cumplo las predicciones de mis profetas. Por medio de ellos le digo a Jerusalén: “Este lugar volverá a ser habitado”, y a las ciudades de Judá: “Ustedes serán reconstruidas; yo restauraré todas sus ruinas”.

*foto sacada de http://lifeontheopenroad.blogspot.com/2013_09_01_archive.html

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