Nací sin brújula. Soy malísima con las direcciones, nombres de calles, etc. Me pierdo con una facilidad que a veces me asusta. Aquí les va un ejemplo.
Me esperaban en una iglesia en Juncos para dar un taller. Me dan las instrucciones y me dicen que tome el expreso y que coja una tal “30”. Yo me monto en el expreso pendiente a tomar la 30. Pensaba que en algún momento vería un letrero que diría “salida 30”. Pués así seguí. Pasó un rato muy largo y los números de las salidas seguían subiendo y la aguja de la gasolina seguía bajando. Hasta que miro a la izquierda y sobre el horizonte me parece ver la isla de Caja de Muerto. Pensé, “eso no es en Ponce?”.
Sí. Llegué a Ponce . Ese día aprendí dos cosas que nunca olvidaré mientras viva: cual es la “30”, y el camino a Ponce.
En el cristianismo hablamos de que el se humano sin Dios está perdido. A lo que suponemos que un encuentro con Jesús rectifica este estatus. Una vez adentro, una vez tu alma es encontrada y ubicada -por decirlo así- no se habla más del asunto, pues se da por resuleto.
Aunque esto sí es cierto, en Cristo encontramos nuestro verdadero ser y propósito entre muchos otros regalos y beneficios, me parece que hay una manera de estar perdidos aún después de haber sido encontrados.
Me explico.
Aún después de ser salvos, muchos seguimos dando tumbos por la vida cristiana esperando encontrarnos con La voluntad de Dios en algún punto, así como yo con la elusiva carretera 30. Vamos deseando con todas nuestras ansias que el punto en el que encontremos Su voluntad no quede demasiado lejos de lo que son nuestros anhelos.
Quizás estoy generalizando demasiado. Por lo menos les diré que yo me he sentido así y me da una ansiedad tremenda, pensar que la voluntad de Dios es algo completamente opuesto a lo que quiero y deseo hacer. A mí voluntad.
No hay de otra. Lo cierto es que la voluntad de Dios en efecto está completamente opuesta a mi voluntad y vice versa.
La única manera de resolverlo es entregarme a su voluntad, adoptar la suya como la mía. Pero esto, igual que cuando ando perdida por la carretera, me causa mucho estrés, pues pienso en pérdida, muerte, separación. Morir a mí voluntad.
Y no creo que exagero.
Todo lo anterior es justo lo que tiene que pasar. Mi naturaleza, mi carne, mi orgullo y rebeldía deben ser sometidos a lo que Cristo mismo se sometió en la cruz. Esto es, pérdida, muerte, separación.
P.Scahzzero autor del libro Espiritualidad emocionalmente sana - el cual recomiendo- escribe lo siguiente, “Tenemos miedo a que se haga la voluntad de Dios porque no podemos controlar lo que hará, cuándo lo hará, cómo lo hará, y cuál será el resultado. La voluntad de Dios requiere entrega y confianza, y es algo que no estamos dispuestos a ofrecer.” (Schazzero, 45)
Ouch.
No obsante, si quiero prosperar en esta empresa no puedo detenerme en lo que someter mi voluntad conlleva. Así no llegaré a ninguna parte, al contrario esto puede hacer que me sienta aún más perdida y lejos del lugar a donde quiero llegar.
Para lograrlo debo enfocarme en lo siguiente:
- La voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta (Rom. 12:2). No me estoy sometiendo a un ser sádico, o a un tirano. Tampoco es un juego de azar o escondite. Dios es claro. Y su voluntad está claramente expuesta para todo aquel que quiera seguirla y adoptarla como suya. No me estoy zumbando a un hoyo negro, ni lanzándome a lo loco a un vacío. Dios es bueno y tiene un buen plan para mi vida. Esto es digno de confianza.
- Hubo un tercer día. Jesús no terminó su obra con el sufrimiento de la cruz. El tercer día llegó y con su llegada opacó todo dolor, frustración, vergüenza que la crucifixión pudo haber causado. Esto me aplica también a mí. Si bien es cierto que al entregar mi voluntad habrá renuncia, separación y muerte, igual de cierto es que lo que vendrá después sobrepasará, por mucho cada uno de estos inconvenientes.
- Gano mucho más al hacerlo. Gloria, vida, comunión, esto es lo que gano, esta es la voluntad última de Dios para mí. Y es lo que en el fondo más anhelo. Es un Win-Win situation...
Esta es una lucha diaria, algo que decido cada día al despertar. Seguir Su voluntad, someterme, confiar...
Y para esto vivo cada día. Para este preciso momento en donde ya no me sienta perdida. Un olor familiar, un lugar que hace sentido. La Gloria del tercer día. Sé donde estoy, encontré la 30. Ambas voluntades se encuentran porque en realidad ya no hay dos voluntades luchando e interponiéndose una a la otra sino sólo una reinando y dirigiendo. Esta ha tomado el volante y conoce bien la ruta que me llevará a mi destino.
*Foto "PR primary 30" by Fredddie - Puerto Rico Department of Transportation and Public Works (design specs). Licensed under Public Domain via Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:PR_primary_30.svg#mediaviewer/File:PR_primary_30.svg

