Un mes, cuatro semanas, 28 días contemplando y disfrutando un nuevo panorama. Absorbiendo un entorno desconocido, observando gestos y ademanes, asimilando nuevas expresiones. Un mes de tortas, tartas pascualinas, medias lunas “rechenas” de dulce de leche, y chivitos… Un mes de español mezclado con portugués (portuñol), aprendiendo a intercambiar el “ok” por el “ta”, la fresa por la frutilla o el morango, la piña por el ananá y la toronja por el pomelo. Un mes, cuatro semanas, 28 días en la República Oriental del Uruguay.
Es increíble lo mucho que puede ocurrir en tan poco tiempo y más aún las diferentes emociones que se pueden llegar a sentir. Se siente la alegría de saber que estás cumpliendo con tu labor y la satisfacción profunda de saber que estás en el lugar correcto en el momento preciso. Esa emoción de cuando se monta un rompecabezas y vez las piezas encajando sin ser forzadas y todo empieza a hacer sentido.
Por otro lado, también se siente el dolor de las separaciones recientes y el adiós de personas que hasta entonces habían sido parte integral de tu vida cotidiana. Se siente la nostalgia por la lejanía y lo extraño de saber que la vida continúa y el mundo sigue girando aún sin nosotros estar allá y sin ellos estar acá. Se siente la soledad de una manera muy particular.
Un mes interesante por demás, lleno de una serie de mini eventos desafortunados. Nada mayor, solo que en tiempos como éstos cualquier cosa -aún lo más trivial- se siente devastador. Perderse, no poder abrir una cuenta de banco, no encontrar casa, dormir los 4 en una misma cama, tratar de encontrar en el supermercado algo familiar para poder cocinar y no entender bien porque todo está en portugués porque llegaste a hacer compras a un supermercado en Brasil, las niñas no quieren dormir, enfermarse y no tener un Walgreens en cada esquina con un CVS al frente para conseguir medicinas, combatir lo que parecía un ejercito de cucarachas, comprar enseres y darte cuenta que no tienes idea de cómo operarlos… Otra vez, nada terrible pero aún así cosas que pueden llegar a probar tu paciencia, tu fe y hasta hacerte pensar: “por qué estamos aquí?”
Interesantemente, el mismo día en que cumplimos un mes acá en el Uruguay, celebramos uno de los eventos cruciales (y uso el adjetivo con todo el sentido e intensión) en el cristianismo. Me refiero a la celebración de la Pascua. El momento en el que celebramos que Jesús murió en una cruz como pago por nuestros pecados y resucitó para darnos vida. Celebramos el gozo y la libertad que esto produce en las vidas de todos los que los aceptamos. Celebramos que ahora por medio de Cristo somos hechos hijos de Dios. Celebramos la vida. La verdadera vida.
Por qué estamos aquí? varias veces lo he preguntado en este mes. Ayer mientras leíamos y recordábamos la historia de la pascua como familia, mi corazón me recordó la respuesta. Estamos aquí porque El resucitó.
Porque aquí hay muchos que no conocen esa historia o no han tenido tan siquiera acceso a una fuente fidedigna de la misma. Porque hay muchos que todavía andan buscando entre los muertos al que vive. Porque hay una iglesia pequeña pero fuerte que se levanta día a día a hacerle frente a las tinieblas que encubren esta nación. Estamos aquí porque queremos alcanzar aquello para lo cual también fuimos alcanzados por Jesús. Porque a la luz de la resurrección todo cobra un nuevo sentido. Y finalmente, porque ningún sacrificio parece demasiado grande luego de Su sacrificio y ninguna cruz demasiado pesada luego de Su cruz.
Así que te animo a que sirvas, sea lo que sea que Dios te ha dado para hacer, en donde sea que te ha puesto para que lo hagas. Y cuando ocurran cosas que te hagan sentir que los poderes de este mundo se salen con la suya y te hagan preguntarte, “por qué estoy aquí?” recuerda la cruz. Recuerda la tumba vacía. Repite fuerte en voz alta para que el infierno lo escuche y tu corazón recuerde la siguiente promesa de victoria final y absoluta alcanzada hace dos mil y pico de años atrás y que ha mantenido en pie de lucha a miles de cristianos en diferentes eras y dificultades:
“Dónde está, oh muerte tu victoria? Dónde está, oh muerte, tu aguijón? Pues el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley. Pero gracias a Dios, quien nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Así que, hermanos míos amados, estén firmes y constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo que su arduo trabajo en el Señor no es en vano.”
1 Corintios 15:55-58
Por eso estamos aquí.
28/03/2016


Gracias por compartirlo! Ah sido de bendición para mi
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