La decisión estaba tomada.
Yo dejaría mi trabajo en la escuela para quedarme cuidando a la nueva integrante del clan García-Maltés. Sabíamos que era la decisión correcta para nosotros, aun así no podíamos obviar el estrés económico y por ende general que esto traería. Mi esposo es maestro también, de más está decir que los 15 y los 30 no se caracterizan por una entrada exorbitante de dinero a nuestra sencilla cuenta bancaria. No obstante, no había ni sombra de duda en nuestro corazón que mamá se quedaría en casa para cuidar a su bebé. Y así lo hice. Así lo estoy haciendo. Así lo estamos haciendo. Ya han pasado 9 meses. Nueve meses sin chuparnos el proverbial limber...
Durante este tiempo he aprendido mucho sobre mi mente y cómo ésta funciona. La verdad es que han sido meses de estar apretados económicamente, pero no de escasez. No nos ha faltado nada de lo básico y necesario para la vida, ni siquiera para el disfrute de la misma. El dinero no ha sido insuficiente, al contrario hemos experimentado exactamente lo opuesto. Dios ha provisto para que tengamos suficiente de todo lo que necesitamos. En ocasiones por nuestros propios medios, otras ha sido a través de familia y amigos que sin pensarlo dos veces han suplido nuestra necesidad como si fuera la suya propia. Ahora puedo verlo así y escribirlo de ésta manera, pero en estos meses este no siempre ha sido el caso.
Tengo familia y amigos a las cuales puedo pedir ayuda. Y por qué sentir vergüenza de esto? Tengo todo lo que necesito. Mis hijas tienen todo lo que necesitan también. Un papá y una mamá que se aman y que las aman y darían la vida por ellas, que aman a Dios y buscan hacer su voluntad. No sólo de pan vivirá el hombre, pero Dios es tan bueno que ni siquiera el pan nos ha faltado por que él mismo lo ha provisto (pan o una lavadora... Después les cuento!) El es mi Padre y sabe lo que necesito.
Creo firmemente que Dios me movió a quedarme en mi casa con mi bebé por un tiempo. Aún con mis dudas lo he obedecido junto con el resto de mi familia. El hecho de que esté siendo obediente no significa que todo es bello, sencillo y fácil. No creo jamás, y la evidencia bíblica me confirma, que la obediencia a Dios se caracterice por hacer las cosas fáciles o sencillas. Josué tuvo como quiera que levantar espada y luchar múltiples batallas.
La obediencia no siempre garantiza que todo será fácil, pero sin duda alguna siempre garantiza dos cosas: bendición y victoria. En medio de nuestra obediencia veremos su bendición. Una bendición que quizás no se traduzca o defina en signo de dólares, sino en una relación más profunda con él. La bendición de verlo en acción. El quiere enseñarme una vez más a confiar en él y que él tiene cuidado de mí y los míos. No hay mayor bendición.
Y la victoria? Pues cada día que veo las cosas de esta manera tengo victoria sobre lo que el mundo me dice que debo ser, hacer y tener. La victoria de verlo obrar a mí favor.Victoria cuando veo todas las riquezas que puedo recibir a través de Jesús, riquezas que van más allá de lo material. Si viste los flamboyanes de rojo vivo tan lindos y a los changos no les falta comida, cuánto más no le importamos nosotros!

No comments:
Post a Comment