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Hola! Mi nombre es Charlotte. Amo a Dios y amo cómo me ama a pesar de mí. Su misericordia me ha moldeado y por Su gracia he tenido el privilegio de experimentar tantas aventuras. Nacida y criada en la Isla del Encanto, Puerto Rico. Actualmente resido y sirvo en el país de Uruguay a través de la Alianza Cristiana y Misionera junto a mi esposo y nuestras dos hermosas hijas. Siempre he disfrutado el escribir, no obstante en esta nueva etapa en la que me encuentro, siento más que nunca el deseo de hacerlo. No es que crea que tengo la vida más emocionante del mundo. Ni tampoco que mis experiencias están tan por encima que deben ser compartidas. ¡Qué va! Solo quiero escribir.Y si alguien lee y se siente entretenido, qué bien. Si alguno lee y se siente comprendido y bendecido, ¡mejor todavía!

Monday, September 22, 2014

Libertad se escribe con S


Cuando vemos lo que está ocurriendo en estos momentos en otros países, cuando leemos, escuchamos o vemos lo que otras personas, seres humanos de carne y hueso como nosotros, están viviendo alrededor del mundo es casi imposible el que nuestro pensamiento vaya a ese lugar, esa esquina en la que se alojan los “por qués” y los “cómo sería” . 

La miseria y la dificultad ajenas tienden en ocasiones a levantarse como un espejo en el cual no podemos evitar mirarnos. Mirar nuestra propia situación, nuestro entorno, nuestro contexto y el papel que jugamos en el mismo y comparar esta imagen que vemos contra ese otro lado. Contra ese otro ser que se encuentra atravesando por lo que parecería el mismo infierno aquí en la tierra. El allá y yo acá. Ambos en el mismo planeta, mirando la misma luna, siendo alumbrados por el mismo sol. Yo en mi país, en mi casa, con los míos, en mi paz y con mis libertades. Y él desplazado, desterrado, despojado y desesperado. Y todo por el hecho de que nació en x ó y latitud y yo en ésta.  Algo que ninguno de los dos podía controlar. 

Esto me ha llevado a pensar que en casos como estos ni es justo para mí ni representa beneficio alguno para el/ella el que yo me lamente o alimente un sentido de culpa por el hecho de que gozo de unas comodidades y libertades que el/ella -por situaciones fuera de nuestro control como por ejemplo el lugar en el que nacimos, la familia, etc.- no puede tener o no ha tenido. No me refiero al hecho de dar por sentado estas cosas pues sé que el mirarnos en este espejo y comparar situaciones nos puede mover a la humildad y a la gratitud. No obstante, creo que hay algo mucho más grande, una pregunta más importante, más productiva. 

Más allá de criticar mis libertades y preguntar por qué yo sí y el/ella no, el meollo, la sustancia, el núcleo del asunto es el siguiente:  qué estamos haciendo con nuestra libertad? Cómo la estamos usando? Cómo puedo utilizar aquello que me fue dado -sin yo premeditarlo o calcularlo- de manera calculada, preconsebida y planificada para ayudar la situación del prójimo?
Pablo les escribe a los gálatas y le dice en el capítulo 5 verso 13 lo siguiente,
“Hermanos, han sido llamados a disfrutar de libertad. ¡No utilicen esa libertad como tapadera de apetencias puramente humanas! Al contrario, háganse esclavos los unos de los otros por amor.” 

La libertad a la que se refiere Pablo es una que va más allá de las libertades físicas, sociales y políticas. Las supera a todas y se puede gozar aún en ausencia de las otras. Se está refiriendo a la libertad espiritual que solo Dios da a través de Jesús. Aún así, pienso que podemos aplicarlo también a esta situación. 

En este lado del mundo usamos nuestra libertad tantas veces de manera tan irresponsable, solo para satisfacer nuestros deseos o para adelantar nuestras egoístas y arrogantes agendas personales. Nuestras susodichas libertades se van convirtiendo en seductoras maldiciones. Y en una gran y patética ironía terminamos siendo esclavos y presos de las mismas. Cuál es el remedio entonces? Pablo inspirado por la sabiduría divina nos lo da. 
      
El servicio 

Utilizar nuestra libertad para servir. Poner nuestra libertad al servicio de otros. Madre Teresa dijo, “El que no vive para servir, no sirve para vivir.” 

No tuve voz ni voto a la hora de decidir dónde nacer, pero sí tengo que decidir qué voy a hacer con lo que me fue dado al nacer aquí. Seamos responsables con nuestra libertad. Seamos sabios con nuestra libertad. Que nuestra vida sirva para algo.


“El servicio más grande que pueden hacer a alguien es conducirlo para que conozca a Jesús, para que lo escuche y lo siga; porque sólo Jesús puede satisfacer la sed de felicidad del corazón humano, para la que hemos sido creados.” - Madre Teresa.

*Lo sé. Madre Teresa se cita mucho en este post. Nadie puede negar que después de Jesús, esta mujer dio cátedra en cuanto a usar su libertad para servir. Te animo a que busques y leas su testimonio. 

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