Camina- Camina
“No corras! Camina!” Esta es sin duda una de las instrucciones que más repetimos como mamás. Por lo menos es una de las que más frecuente uso con mi hija. Sofi tiene una muñeca a la cual llamó “Camina-Camina” (primero y segundo nombre respectivamente :P) Camina llegó a nuestras vidas como regalo en la primera navidad de Sofi. Aún no sabemos con certeza si el tan peculiar nombre viene a raíz de mi constante petición de “ camina y no corras”. Al cumplir los dos años, Sofi agarraba de la mano a su bebé y le repetía con una ternura propia de su edad- “Camina, Camina!”
Creo que “No corras! Camina!” es un consejo que los adultos olvidamos seguir. Nos pasa cuando nos encontramos en situaciones, lugares, momentos, procesos de los cuales queremos escapar, queremos huir de ellos. Salir corriendo. Sin embargo, estos son los momentos que nos construyen, nos moldean; los procesos que nos hacen crecer. Momentos en los que precisamente necesitamos respirar hondo, aguantar el impetuoso deseo de salir corriendo, y caminar.
Con paciencia, firmeza, expectación y esperanza. Procedemos a poner un pie delante del otro, lento pero seguro, un paso a la vez. En nuestras mentes el constante estribillo , no importa cuan duro el camino -“camina, camina.”

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